2015-09-12 22.08.21

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#ESP – ANA MARIA MARTÍN SANCHIS – SLOW MUSIC FEST

18 jul , 2016  

Ana Maria Martín Sanchis es actriz, gestora cultural especializada en artes escénicas y música, y propietaria gerente y de la Taberna Pikapote. Alfinalizar sus estudios trabaja en el campo de la animación turística, compaginando esta actividad con con trabajos en el campo de las artes escénicas como actriz, distribuidora y regidora. El año 2006 supone el inicio de una nueva etapa en la que, como autónoma y hasta el año 2008, dirige y produce eventos culturales para el Ayuntamiento de Valencia (Recrea 2006 y 2007, Fiesta del Árbol 2007 y Expo Jove 2006) y ofrece la animación en las dos ediciones de la Copa América (2007 y 2009). Asimismo, de 2007 a 2010 trabajó como secretaria de dirección en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia, en sendas áreas, Intendencia y Artística con Helga Schmidt y Técnica con Silvano Cova y Manuel Zuriaga. En esta misma etapa, inicia su andadura en la hostelería, siendo copropietaria del restaurante Na Jordana Artium (hasta marzo del 2013), y de la Taberna Pikapote, que inaugura en 2010 y es su actual negocio. Lo compagina con su faceta de gestora cultural free-lance colaborando en el proyecto Educandos a Escena de la empresa Olympia Metropolitana de Valencia (cursos 13/14 y 14/15) siendo responsable de la gestión de reservas y atención al centro en la Campaña Escolar de los Teatros Olympia y Talía. Desde el 2011, dirige el Slow Music Fest (circuito de música en directo en restaurantes) y preside la Asociación Innova Cultura, ambos proyectos en Alcossebre.

¡Aquí os dejamos con su entrevista!

 

¿Cómo llegaste al mundo de los festivales?

Por necesidad. En 2006 mi situación laboral era muy precaria. Conocí una persona con un cargo público que necesitaba a alguien que organizara la segunda edición de un festival relacionado con el medio ambiente y el arte. Había presupuesto pero no tiempo. La necesidad y el atrevimiento me hicieron aceptar el encargo: en tres semanas tenía que organizarlo. Y lo conseguí, de aquella manera, pero lo conseguí. En aquella época mi formación técnica era de actriz y había trabajado en varios ámbitos del teatro, no sólo sobre las tablas y por otra parte tenía experiencia coordinando equipos y en producción de eventos. Todavía sigo considerando que fui muy atrevida.

 

¿Cuáles son los motivos que os empujan a crear este Festival?

Sinceramente, la necesidad era: dar a conocer mi restaurante, ubicado en una zona recóndita, fuera de todo circuito turístico, en una población muy pequeña. En 2010 abrí mi segundo restaurante con otras tres personas. Uno de los socios (el cocinero) era músico y productor musical. Yo, que me estaba formando como gestora cultural, pensé que sería bonito organizar una pequeña programación musical, siempre con la mirada puesta en la posibilidad de crear un festival. No sabía cómo, pero lo importante era empezar. Así que, unimos nuestras dos pasiones: gastronomía y cultura (música en nuestro caso). Ese año fue la semilla del Slow Music Fest.

 

¿Por qué Slow Music Fest? Y su ubicación, ¿por qué en Alcossebre?

Es la localidad donde está ubicado mi negocio desde hace seis años y en la que vivo desde hace dos. Realicé un estudio sobre la programación cultural del municipio llegando a la conclusión de que ésta era inexistente. Entre 2004 y 2010 (fecha del estudio) no se había programado nada de música, teatro, arte visual, cine, etc… profesional de manera regular. Puntualmente lo hacían pero a base de aficionados. Así que, con los recursos de que disponía (un local de hostelería y un socio conocedor de la vida musical de la ciudad de Valencia), nos lanzamos a la aventura. Poco a poco, nuestro pequeño éxito hizo que otros restaurantes de amigos se interesaran. Todos ellos de la misma localidad.

 

¿Qué destacarías de SMF en relación al resto de festivales del territorio con unas características similares? ¿Cuáles son las diferencias que lo hacen único?

Se trata más de un circuito de música estable que cubre una carencia municipal, que de un festival al uso. En cuanto a los músicos, ofrecemos al menos cinco actuaciones. Es un festival que nace, además de para cubrir una carencia, para ayudar a los restaurantes en tiempos de crisis. Creo que hay pocos festivales con las mismas características. Lo cual es normal porque éste nace de las necesidades concretas de un lugar: ALCOSSEBRE

 

¿Qué os lleva a unir la música con los restaurantes de la zona? ¿Ha habido una buena aceptación por su parte o han surgido complicaciones para ponerlo en marcha?

En realidad el festival parte de un restaurante concreto. No empezó como festival, simplemente era una pequeña programación para atraer clientes en un negocio nuevo que estaba muy apartado del circuito turístico. Y lo consiguió: la buena gastronomía y la música de calidad consiguieron posicionar al local como el nuevo restaurante de moda, una pequeña joya. Este pequeño éxito me animó a organizar mejor la programación del restaurante, iniciando así con la primera edición del SMF. La temporada siguiente, otros locales de hostelería quisieron unirse y así hasta la quinta edición que es la del 2016. Así pues, el festival no se entendería sin los restaurantes. La aceptación fue buena desde el primer año y va en aumento. No hay que olvidar que era la primera vez que se ofrecía una programación regular y de calidad en el municipio. Tres meses de buena música en los mejores restaurantes parece que ha encajado perfectamente en el territorio. Las complicaciones vienen de la mano de la gestión y de querer formalizarlo para poder formar parte del panorama festivalero de Castellón. Complicaciones que este año 2016 hemos solventado, aunque todavía nos quedan algunos coletazos importantes.

 

En vuestra quinta edición; ¿qué estímulos os hacen evolucionar? ¿Ha habido cambios respecto a las otras cuatro ediciones?

La mayor motivación es la buena aceptación del público. Cada vez que alguien te da las gracias por el trabajo, piensas que vale la pena el esfuerzo. Y la total libertad que los propios restaurantes me dan para tomar decisiones que les afectan directamente. Los cambios que hemos podido ir introduciendo siempre han ido encaminados a la formalización de la gestión, a la mejora en la comunicación y en las condiciones de los músicos. Nos queda mucho por hacer, pero poco a poco vamos dando pasos en la buena dirección.

 

¿Cuáles han sido las dificultades que habéis tenido que superar en el desarrollo y la consolidación del Festival?

La mayor dificultad es la falta de equipo de gestión así como la dependencia total y absoluta del trabajo voluntario, tanto de músicos al inicio, como de comunicación, diseño y otros ámbitos de la gestión. Ahora que está más desarrollado (no considero que se haya consolidado todavía) sí se hace patente la total dependencia de una sola persona. La falta de recursos económicos hace que no podamos consolidarlo de manera formal y con un equipo de gestión.

 

¿Cuáles son los mayores retos de llevar a cabo un festival gratuito? ¿Cómo se mantiene y financia el mismo?

Por un lado está el eterno debate de si la cultura debe ofrecerse de forma gratuita; por otro, si el público asistente a un restaurante, es decir los comensales, son conscientes de que esa noche hay música en directo y lo que ello supone; y por otro, el hecho de que, dado que andamos escasos de financiación, ¿no podríamos considerar el cobrar un suplemento en la cuenta de las cenas para financiar el festival? La primera cuestión, en realidad, nosotros la tenemos resuelta desde el momento en que, para disfrutar de la música, debes gastar en el restaurante, ya sea cenando o tomando una consumición. La segunda cuestión es la que más me preocupa, pues puede llevar a la desvirtualización del sentido del festival, es decir, que haya personas entre el público que no deseen escuchar la música hace que, tanto el músico como el resto del público, se sientan incómodos y repercuta negativamente en la imagen del festival. Y en tercer lugar, resulta muy complicado establecer criterios de precio iguales en negocios diferentes. Cada restaurante tiene su propio criterio, sus propios objetivos y su propio modelo de negocio. El gran reto es que en estos momentos, como directora del festival me encuentro en una encrucijada, en la que debo elegir si seguir apostando por programar en espacios que no desean “dejar de ser restaurantes por una noche”, o dar un giro y centrar el festival en un solo local, ése que sí apuesta por modificar su modelo por una noche para crear el ambiente necesario para la música en directo. Ése que se ha posicionado como el mejor lugar para escuchar música jazz, flamenca, clásica, etc… y poder disfrutar de ella sin que nadie te moleste. Si nos centrásemos en esto, dejaríamos al resto de locales con una programación más veraniega y festiva, de calidad y con músicos profesionales. Éste es el gran reto. En cuanto a la financiación, los restaurantes asumen el 84% del gasto, que corresponde a la programación, dirección y publicidad; las administraciones públicas asumen el 14% que corresponde a dos eventos que incluyen en sus propias programaciones (es decir, que nuestro festival en realidad no las programaría, aunque nos viene bien por visibilidad) y también a toda la papelería (folletería y cartelería); y la asociación desde la que se gestiona el festival asume el 2% correspondiente a las actividades paralelas y el seguro de RC. La asociación también asume el trabajo voluntario de administración, diseño gráfico, reparto de cartelería y folletos, y otros menesteres.

 

¿Qué tipo de público asiste a SMF? ¿Cómo lo fidelizáis? ¿Qué estrategias usáis para captar a nuevos públicos y atraer a los visitantes de Alcossebre?

El público es el cliente de los restaurantes. El perfil del cliente de los cinco restaurantes es similar: personas mayores de 35 años, mayoritariamente entre 55 y 70, con un alto poder adquisitivo y nivel socio-cultural medio, medio-alto y alto. La mayoría son españoles, excepto en uno de los restaurantes que la mayoría son extranjeros. Nuestro público lo fidelizamos dándoles bien de comer, sobre todo. Y manteniendo la calidad de los músicos. Lo cierto es que al no disponer de personal, no podemos dedicarnos al marketing como nos gustaría. Todos estos aspectos del proyecto están por construir. En cuanto a las estrategias para captar público utilizamos las redes sociales, el mail marketing, y sobre todo una red de relaciones públicas que son los casi 40 camareros de los restaurantes. Nuestro canal de comunicación más eficaz son los mismos restaurantes: en todos hacemos publicidad de todos. También el boca-oreja que, en un pueblo pequeño como éste, no es nada despreciable. Todos nos conocen y cada comercio habla de nosotros, cada hotel, cada inmobiliaria de alquiler de apartamentos. Todo el pueblo dispone de nuestros folletos.

 

Para finalizar ¿crees que este concepto de festival podría ampliarse y realizarse en otras zonas? ¿Está en vuestras líneas de futuro llevarlo a cabo?

Este modelo es muy fácilmente exportable, siempre que haya restaurantes dispuestos a invertir tanto dinero en el valor añadido y a compartir con la “competencia” un proyecto cultural. En nuestros planes está, pero necesitamos establecer una oficina permanente para poder dedicarnos a ello.


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